Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

viernes, 14 de abril de 2017

El jerez en Japón, recorrido por algunos de sus bares: Bar de Ollaria, Sherry Club, Bar Clavel...



El vino de Jerez y su cultura tiene bastantes seguidores en Japón. Los 11.000 kilómetros de distancia no son un impedimento. La afición de los japoneses por los vinos jerezanos, sherry wines, va incrementándose año a año. Un dato indicativo es que en el país existe un número importante de venenciadores oficiales, cerca de 200 profesionales, y por supuesto lugares donde los sherry lovers japoneses disfrutan de estos vinos. Nosotros visitamos cuatro bares especializados, tres en Tokio y uno en Kioto, pero existen más.


Desde el 2014 ostenta según el libro Guinness el récord de jereces ofrecidos, casi 300. El anterior poseedor era otro importante sherry bar, el Sherry Club, ambos localizados en el céntrico barrio de Ginza, en Tokio.


El propietario de Bar de Ollaria es Toshihiko Watanabe san, venenciador oficial por el Consejo. El sumiller Tkasuyuki Sano san nos atendió de forma muy amable y profesional,  al descubrir que éramos españoles nos hizo una demostración de su destreza venenciando líquido con una considerable altura entre venencia y copa. De entre las opciones para degustar jerez, mi umami, optamos por unas copas de Cruz Vieja Amontillado en Rama. No nos faltó el jamón de bellota cortado a mano, más umami, ¡extraordinario! ¡este amontillado y este jamón!

Tienen otro Bar Ollaría en el distrito de Ebisu.


Sherry Club Tokyo

Se trata del primer bar restaurante de Japón dedicado a los vinos de Jerez, su propietaria la señora Michiro Takahashi lo abrió en 1986.

También localizado en el barrio de Ginza, en una calle paralela al anteriormente mencionado. En su comedor principal, además de la barra y varias mesas, tiene decorada una de las paredes con frontales de botas jerezanas, firmadas con tiza. 


Cocinan platos españoles, nosotros optamos por picotear. Un plato de queso manchego, lomo ibérico y unas aceitunas nos sirvió para acompañar las copas elegidas de Manzanilla Micaela Bodegas Baron y Fino Gutiérrez Colosía, para empezar. Finalizamos con Pastora Manzanilla Pasada en Rama de Bodegas Barbadillo, que se muestra igual de bien en todas partes.





Sherry Club Kyoto

Sucursal de la anterior pero en Kioto, en una encantadora zona muy cerca del tradicional barrio de Gion. La entrada se encuentra franqueada por una bonita escultura de un venenciador. Dentro es acogedor, pequeño y agradable, coqueto y de ambiente tranquilo como su barrio. Nos gustó mucho. Para comer pedimos varios platos: jamón, ensalada de tomate y mojama, anguila rebozada... ¡buenísimo!

De beber, me di un gustazo, tres copas distintas, tremendas: Manzanilla La Gitana en Rama, Toro Albalá Amontillado Viejísimo y Don Gonzalo Oloroso de Valdespino.

489-2, Shimogawara-cho Higashiyama-ku





Bar Clavel (Fotografía de cabecera)

De nuevo en Tokio. No es fácil encontrar este bar de vinos jerezanos, situado en la 4ª planta de un edificio, no hay muchas indicaciones, aunque las suficientes con un poco de paciencia. El local, en una de las puertas de la planta, comparte ésta con otros comercios, oficinas y bares variados. Abierto no hace mucho, en 2015, por Aki Shimada san, también venenciadora oficial, con grandes conocimientos del jerez y gran simpatía.

Al estar todo en japonés la sumiller fue mostrándome botellas sacándolas de las neveras de vino. A la docena de botellas entre finos y manzanillas, siguió varias de amontillado, y al nombrar yo la palabra oloroso colocó varias botellas más sobre la barra, y todo para elegir alguna copa. De la gran variedad, mi pareja y yo elegimos las siguientes: Fino Tradición, Manzanilla 541 Alexander Jules y Los Abandonados 68 Oloroso Alexander Jules. De esta última disfrutamos las últimas copas de la última botella que le quedaba al bar. ¡Qué maravilla! Para acompañar, queso manchego, embutidos y frutos secos. El servicio en todos los sitios es impecable.

A pesar de la diferencia de idioma, entre inglés, japonés y español, charlamos un rato con Aki y algunos clientes, todos muy contentos y orgullosos de recibir una pareja de españoles amantes también del jerez. Hasta nos hicieron una foto con la propietaria mientras venenciaba con arte y eficacia.




Japón nos encanta, la simpatía y amabilidad de su gente es extraordinaria, ¡qué a gusto se está por aquí!

Vicente

lunes, 10 de abril de 2017

Tokio y el vino natural: Wine Stand Waltz, Le Verre Volé à Tokyo, Shonzui, Le Cabaret y La Pioche



Respecto a la diversidad de bares de vino o restaurantes dedicados al vino natural, poco o nada tiene Tokio que envidiar a París. Tampoco a la hora de encontrar las botellas de determinados vignerons que debido a su limitadísima producción es difícil incluso disfrutarlas en Francia. París es la capital del mundo del vino natural, pero Tokio en estos momentos es muy posible que esté a la misma altura. La afición al vino sin añadidos se extiende además por todo el país: Osaka, Kioto, Yokohama... 

En esta tercera entrega de mi experiencia en Tokio, nombro algunos de los bares más importantes de la ciudad dedicados al vino natural.

Winestand Waltz

Bar de vinos. Visita imprescindible para mi gusto. Un lugar que nos resultó un poco difícil de encontrar, google maps nos mandaba a la zona aunque a más de 300 metros. Tras un paseo lo localizamos en una bocacalle. La estación más cercana es la de Ebisu, a unos 10 minutos caminando.

Se trata de un pequeño local, con una barra no muy larga, sin asientos, pero acogedor. Un lugar para empezar o poner punto final a una noche de vinos. Nosotros la empezamos. 


Imagino que en japonés anunciaban varios vinos por copas, pero no había ningún problema, yo prefería una botella y solicité una en la que me fijé y que estaba dentro de la nevera de vinos: Amme L10 de Samuel Boulay. Tuve claro pedir esta sauvignon blanc, una maravilla, pero de cualquier forma en este lugar sólo hay fantásticos vinos. El sommelier y propietario, Yasuhiro Ooyama san, un tío muy simpático y con amplios conocimientos del vino natural, nos preparó un platito de quesos y unas salchichas para acompañar. 

Casualmente, estaba también degustando vinos una de las personas más conocidas y respetadas en Japón en relación al vino, Shinsaku Katsuyama san, quien abrió el primer bar de vinos naturales en Tokio en 1993. Sí, hace más de 20 años. Lo reconocí y aproveché para presentarme. Tras conversar un rato y preguntarle por la posibilidad de cenar un día en su concurrido restaurante, llamado Shonzui, nos reservó personalmente dos plazas y también nos invitó a que le acompañásemos al siguiente bar de vinos por el que le pregunté la localización: Le Verre Volé à Tokyo. 

Seguimos ruta, no sin antes plasmar el encuentro en la divertida fotografía que encabeza este artículo.

4 Chome-24-3 Ebisu

Le Verre Volé à Tokyo

Tal y como os comentaba llegamos en taxi a este restaurante acompañados por Katsuyama san. El propietario de Le Verre Volé à Tokyo, Ryotaro Miyauchi san, trabajó durante 7 años en Francia, 4 de los cuales en el famoso Le Verre Volé junto al Canal Saint-Martin de París. Una vez de vuelta a Tokio abrió este restaurante en 2012. Se encuentra en el barrio de Meguro.




Me propusieron decidir qué beber, viendo las botellas vacías de las estanterías y algunas situadas sobre la barra sugerí dos vinazos, dos muy grandes de una de mis zonas preferidas: Not for highway use 2014 de Pierre Beauger, y otra de Aurélien Lefort. Yo mismo estaba emocionado por la elección. En un día con poca clientela cuando el restaurante suele estar lleno, charlamos un buen rato con Ryo y también con el simpático cocinero Shingo Matuura san. Fotos, selfies, risas, extraordinarios vinos, jamón invitación de la casa, intercambio de facebook, de instagram... Nos comunicábamos en inglés, en francés, se oían palabras italianas, japonesas, en español, en cualquier caso el lenguaje del vino es internacional vengas de donde vengas. Bonita velada. Muy bien recibidos, como en todos los lugares que visitamos en Japón, nos buscaron también un taxi para regresar al hotel, algo que agradecemos por las complicaciones del idioma, mi conocimiento del japonés no llega a las dos docenas de palabras.

4 Chome-10-7 Meguro

Shonzui

Gracias a su propietario y a la coincidencia mencionada anteriormente, teníamos dos asientos reservados con muy poca antelación en una de las barras de este bistrot restaurante, en la segunda sala tras la entrada. Recordemos que Shinsaku Katsuyama san, además de propietario de este el primer restaurante de vinos naturales abierto en Tokio, desde 1993, también es organizador de la feria de vinos naturales más importante de Japón, Festivin. Este señor es prácticamente una leyenda del vino natural en el país, una persona muy respetada y venerada pero no por ello menos cercano y amable. No existen los esnobismos aquí.


Estuvimos atendidos perfectamente por los sommeliers y también por el cocinero, todos muy agradables. Cenamos muy bien, jamón serrano, excelente carne de waqyu, tabla de quesos... Nobu, el simpático y atento chef, había estado trabajando un año en París, eso nos permitió comunicarnos en francés. De beber, empezamos con una botella de Le Pelut Spumosum, pet nat de Pierre Rousse que acabamos rápidamente, así que, estando tan a gusto en este local, seguimos con uno de mis vinos preferidos Racines 2012 de Claude Courtois. Delicioso. Precisamente nos enseñaron la dedicatoria firmada por este vigneron en la pantalla blanca de una de las lámparas. Este restaurante tiene mucha historia detrás y continua llenándose. Un lugar de culto para el aficionado a los vinos sin aditivos.

Se localiza en el 2º piso de un edificio, en la entrada al edificio figura un cartel indicador con el nombre del restaurante.

2F, 7-10-2 Roppongi, Minato-ku

Le Cabaret


Entre las estaciones Yoyogi-Hachiman y Yoyogi-Uehara. Restaurante de ambiente francés, de hecho es un bistrot con platos franceses. Un lugar donde destaca el buen ambiente y la atención y donde cenamos muy bien. Menos mal que teníamos mesa reservada, pues estaba lleno.


Mientras decidíamos los platos nos invitaron a unas copas de Le Pelut Martingale, vino de Pierre Rousse, perfecto para abrir cualquier apetito. De la pizarra con el menú en japonés y en francés pedimos rilletes, salade, cous cous d'agneau y un plato de enormes ostras para comenzar. ¡Qué bueno! Oishi dirían los japoneses. De beber nos aconsejó el sommelier una botella del Domaine des BodinesTrousseau 2014. Por mí encantado, una trousseau que pinota.


Localizado en Motoyoyogicho, 8−8, Motoyoyogi Leaf.
Coordenadas 35.670162,139.685304

La Pioche

Nihonbashi Kakigaracho 1-18-1, Chuo-ku

No nos despedimos de Tokio sin repetir en el primer bar que visitamos, de hecho de vivir aquí seríamos clientes asiduos. De éste y de unos cuantos más. Junto a nuestra amiga japonesa Kazumi, mi pareja y yo nos pusimos las botas en el bistrot de Shinya Hayashi san para celebrar nuestra última noche en la ciudad.

Atacamos con ganas una enorme ensalada de verduras ecológicas y una tabla de carne japonesa de primera calidad cocinada al carbón. Riquísimo.

Para beber, elegimos un primer vino, Le Pelut Martingale de Pierre Rousse en Languedoc, fresco, para abrir más las ganas, y dos botellas de Daniel Sage, iba a ser una, pero es imposible resistirse a estos vinazos: Nyctalopie (Lot 2014) es una gamay prensada directamente, fruta fermentada, deliciosa; Grange Bara (Lot 2011), botella de 37,5 cl de carácter oxidativo al estilo del Jura, tremendo vino.



Imposible captar el precioso color

No solo bebemos

Observad los posos de esta maravilla

El propietario de La Pioche, Shinya Hayashi san, generosamente nos invitó a unas copas de dos deliciosos vinos:

La Cuvée de l'Oncle León Pinot Gris 2008, Magnum de Schueller: había visitado esa tarde la torre Tokyo Skytree, de 634 m, y este vino me pareció aún más grande, extraordinario.

El otro vino, Trésor d'Aiglepierre Blend 2004, chardonnay y savagnin de Jean-Marc Brignot, supuso un grandioso final para nuestra estancia en Tokio. Ya estamos deseando volver... 





En una futura estancia repetiremos algunos de los bares visitados y nombrados a lo largo de estos tres artículos dedicados a Tokio y el vino natural. Tenemos también anotadas para una próxima ocasión otras direcciones que nos perdimos: Bunon, Organ, Libertin...

Vicente

Torre de Tokyo


Enlaces relacionados:

Tokio y el vino natural: Wine Stand Bouteille, Ahiru Store, Bar à vin Maison Cinquante Cinq, The Wine Store, Ginza Cave Fujiki...

miércoles, 5 de abril de 2017

Tokio y el vino natural: Wine Stand Bouteille, Ahiru Store, Bar à vin Maison Cinquante Cinq, The Wine Store, Ginza Cave Fujiki...



Muchos de los vinos deseados por cualquier apasionado del vino natural los he encontrado en Japón, siendo muy difícil verlos incluso en Francia. En Japón existen más de 20 importadores de vinos sin aditivos. El consumidor japonés prefiere un producto artesanal en lugar de un producto diseñado por enólogos. 

El precio de los vinos suele ser algo más elevado, pero hay que considerar la distancia, los costes de transporte contratando containers refrigerados y también los impuestos. Otra de las cualidades del comprador japonés, del importador, es el rápido pago, sin ningún retraso, algo no tan común en Europa o EEUU. Además, existe el compromiso con el vigneron, es decir, su apoyo incluso en los malos años.

Sigo comentando, en esta segunda entrega, nuestra experiencia recorriendo algunos de los locales de Tokio dedicados exclusivamente al vino natural.

Bar à vin Maison Cinquante Cinq


Agradable bar de vinos localizado cerca de la estación de Yoyogi-Uehara. En un pequeño espacio, dispone de una única mesa central, buena música de fondo y una muy atrayente selección de seis o siete botellas que me mostraron como carta de vinos por copas. Escaleras arriba se encuentra el bistrot de idéntico nombre, no lo visitamos en esta ocasión. Mi intención era picotear algo como aperitivo y tomar alguna copa antes de proseguir nuestra ruta prevista de bares. Un platito de quesos, otro de salami y unas copas de Nué Bulleuse de Babass Dervieux, ¡qué bueno está!, fue nuestra degustación. Otro sitio que nos gustó.

Charlamos un poco con el sommelier Yoshiki Tai san sobre vinos y los bares que íbamos a visitar. En comparación a nuestra primera visita a Japón en 2010, notamos claramente que el nivel de inglés ha avanzado mucho, y más entre los profesionales del vino pues muchos han estado trabajando en Europa.

3 Chome-5-1, Nishihara, Shibuya-ku, Tokyo

Ahiru Store (fotografía de cabecera)


Bar de vinos abierto en 2008. Los propietarios son el sommelier Teruhiko Saito san y su hermana Wakako san. Se encuentra en el barrio de Shibuya pero más cerca de Yoyogi-Koen Station, a unos minutos andando, que de la estación de Shibuya. El google maps aunque ayuda no siempre acierta en Tokio, nos indicó una dirección errónea, que aun cercana en realidad era bordeando la manzana. No pasa nada porque el lugar valió la pena. Pequeño, como todos los que visitamos, lo cual pienso que no es un problema sino que lo hace más encantador.

Lleno de gente, amantes de los vinos naturales, el sommelier se preocupó en acomodarnos en un hueco. Era de noche, pero hacía calor en Tokio, así que de los vinos mostrados en las estanterías, una selección impresionante de botellas vacías a modo de carta, elegimos Saint lô pet Lot14 de François Saint-Lô. Un pétillant naturel tremendamente refrescante. También existía la posibilidad de beber por copas una serie de vinos que ofrecían. Para acompañar, una ensalada de aguacate y unas salchichas totalmente caseras. Por cierto, el pan estaba buenísimo, de masa madre, algo que también coincidía en todos los locales de vinos naturales que visitamos en Japón, un detalle que también me recuerda a Francia, al igual que el agua de jarra gratuita.

1-19-4 Tomigaya Shibuya Tokyo


Wine Stand Bouteille

Tras salir de la estación de Shibuya, la salida más famosa es la que da a la estatua del perro Hachiko, nos encontramos con el cruce de peatones más transitado del mundo. Rodeado de neones, pantallas gigantescas de televisión, carteles luminosos, sonido...

Es increíble que muy cerca de este punto exista un rincón del bullicioso barrio que nos traslade a otra época, un callejón muy pintoresco adornado con varios farolillos y situado paralelamente a la línea elevada del tren. De entre los bares que lo pueblan hay uno dedicado al vino natural, creo que es el más pequeño que visité, tuvimos la suerte de que cuando llegamos salían algunos clientes. Con nosotros dos, seis personas ocupábamos por completo la barra del bar, de pie, sin asiento. En pocos segundos, siendo los únicos españoles, o mejor dicho, los únicos extranjeros, quisieron entablar comunicación con nosotros, así como los siguientes clientes que ocuparon nuevos huecos libres. Genial.

La sommelière, Nozomi Miura san, verdadera alma del local, posee uno de los instagram que más nos gustan, de hecho conocimos el local gracias a sus fotos que seguíamos desde hacía tiempo. Fotografía las botellas en la puerta del wine bar con el fotogénico callejón de fondo, mostrando así los vinos que va a abrir por copas. Por cierto, vinos muy de nuestro gusto, como el que probamos de una de nuestras bodegas favoritas. Naturalmente salí al callejón para imitar la idea de su instagram: Noir de Florette de Lucy Margaux, pinot noir, de Adelaide Hills.

También disfrutamos con unas copas de Tragolargo 2013, el vino de Rafa Bernabé siempre sienta bien en cualquier parte del mundo, y por último, Crudo Shiraz 2015, de Luke Lambert, en Yarra Valley. ¿Os he dicho que me encanta Tokio?




Además de bares y restaurantes de vinos naturales, en Tokio también hay tiendas especializadas en estos vinos. Nosotros visitamos tres de ellas:

The Wine Store

La boca de metro de Naka-Meguro es la más adecuada para acercarse a esta tienda de vinos, se encuentra a unos 500 metros, en una calle ancha paralela al río Meguro. Vale la pena visitarla, es bonita y de estilo moderno y está repleta de buenas referencias. También existe la posibilidad de beberse en el local la botella elegida, junto a unos snacks, o bien probar algunos de los vinos seleccionados por copas.


Dos veces visitamos esta tienda, en la primera probamos unas copas de un vino de Radikon, Oslavje 2001, y otro de Gareth Belton, Scary Gully Pinot Noir 2015, el nombre de la bodega de este último es Gentle Folk, en Adelaide Hills. Dos vinazos.

La segunda vez que acudimos fue para comprar algunas botellas. Una de ellas, Good Morning Tom 2014, pinot noir de Patrick Sullivan, la única que me llevé de Tokio en el avión de vuelta y que disfrutada ya en casa, tras más de 10.000 kilómetros, salió fenomenal, para que luego digan que los vinos naturales no viajan bien, jua!

3-5-2 Nakameguro, Meguro
thewinestore.jp

Liquors Nodaya


Localizado en Nippori, un tranquilo y viejo barrio residencial en pleno corazón de Tokio pero que no tiene nada que ver con las grandes zonas comerciales de la ciudad, aquí abundan por el contrario las pequeñas tiendas, los comercios de barrio, las callejuelas y los edificios de baja altura. Nosotros llegamos a través de la línea que lleva a Sendagi Station. Uno de esos comercios es esta tienda de vinos y sake dirigida por el señor Sato.

Tiene una muy buena selección de botellas: Mariano Taberner, Bodegas Cueva, en Requena; Les Deux Terres, Ardèche; de Gilles Azzoni; Alexandre Bain...

3-4-8 Sendagi Bunkyo
www.e-nodaya.com

Ginza Cave Fujiki


Shinjuku, Shibuya, Ueno, Akihabara, Ginza... Tokio no tiene un único centro, sino varios. En pleno barrio de Ginza, se localiza esta tienda de vinos, en la zona de las tiendas lujosas, grandes marcas de moda y sedes de importantes empresas tecnológicas como por ejemplo Sony. Nos acercamos, además de para conocerla, con la idea de comprar una botella y realizar un pícnic en el parque más famoso de la ciudad, el parque Yoyogi.

De entre la multitud de referencias de la sala climatizada elegimos una botella de Patrick Desplats, Caroline, añada 2013 según indica el lote. Una chenin que enamora tanto como su etiqueta.

www.ginzafujiki-wine.com

Parque Yoyogi 


El parque Yoyogi es el más animado de la ciudad, donde parejas, familias y grupos de amigos disfrutan paseando, comiendo, jugando e incluso tocando música o bailando. En una zona mucho más tranquila del enorme parque se encuentra el Santuario Meiji, en el que con un poco de suerte podemos coincidir con alguna boda sintoista. Harajuku es la estación de la línea Yamamote (JR) más cercana para visitar el santuario y justo enfrente tenemos la calle peatonal Takeshita, repleta de tiendas de moda adolescente, ropa para Lolitas y otras tribus urbanas, accesorios, souvenirs, tiendas de todo a 100 y de artículos diversos. Paralela a esta calle, está la Avenida Omotesando, donde se encuentran importantes tiendas de lujo en modernos edificios.


Beberse una botella de esta calidad en pleno parque Yoyogi es una bonita experiencia. Como acompañamiento, los populares bento, las cajitas con raciones de comida preparada para llevar.

Nuestra estancia en Tokio está siendo fascinante. Seguiremos contando...

Vicente


Shibuya

martes, 4 de abril de 2017

Tokio y el vino natural: La Pioche, Nimousaku, Maruchu...



Existen muchos motivos para visitar Japón, un país fascinante, pero lo mejor de Japón es su gente. Nuestro viaje comenzó en Tokio. La capital está repleta de locales donde comer: bares, restaurantes, tabernas... Los hay pequeños o más grandes, localizados tanto en pisos de altos edificios como en sus bajos, también en callejones, incluso a veces buscar alguno en concreto no resulta tan fácil. Nosotros recorrimos algunos de los más interesantes, todos ellos especializados en vinos naturales. En ningún otro viaje como éste habíamos contactado con tantas personas tan apasionadas por el vino sin aditivos.

Muchos profesionales del vino en Japón se han formado trabajando en Europa, en Francia principalmente. Tras años adquiriendo experiencia en los viñedos, en restaurantes, o en ambas facetas, a su vuelta de Europa, han abierto en los últimos años sus propios locales en ciudades japonesas. Pero no creáis que en este país el vino natural es un tema novedoso: Ahiru Store, bistrot y bar de vinos, lleva abierto desde 2008 y Shonzui, el primer bistrot de Japón dedicado a los vinos naturales abrió en 1993, sí, hace más de 20 años. De ambos, localizados en Tokio, os comentaré en una segunda y tercera entrega.

Vamos con el recorrido:


El primer local que tenía marcado en mi libreta de notas. Pequeño bistrot de nombre francés abierto desde 2013, especializado en vinos naturales, principalmente franceses, al igual que el estilo de su cocina, como en un magnífico bistrot de vinos naturales de París pero en Tokio, un aliciente más. Localizado en Chuo, el distrito financiero. Estaba abierto en domingo, nuestro primer día en Japón, y aunque no habíamos reservado para cenar, algo muy aconsejable, nos ofrecieron un hueco sobre uno de los dos barriles de vino que disponían a modo de mesa, sólo éramos dos y tuvimos suerte. El resto, la barra y las pocas mesas estaban a tope. Abundaban las botellas vacías a modo de decoración y en las paredes numerosas dedicatorias de las visitas de conocidos vignerons. Un gran ambiente.


Atendidos cortésmente por el propietario, Shinya Hayashi san, quise comenzar por un vino japonés, cómo no. Entre las dos o tres referencias mostradas del elaborador Eishi Okamoto, domaine Beau Paysage, elegí la cuvée Kurahara Nuage 2014, sauvignon blanc de la zona vinícola de Yamanashi, a solo una hora en coche al suroeste de Tokio. Este vigneron dispone de tan solo 3 hectáreas de viñas al pie del majestuoso Monte Fuji. 

Había leído que existían algunos buenos productores japoneses que trabajaban en el país, de forma natural, sin aditivos, y también conocía buenos ejemplos de vignerons japoneses afincados en diversas zonas vinícolas francesas que trabajaban muy bien, pero este mi primer vino japonés me resultó sorprendente, era un top, no tenía nada que envidiar a un vino francés que fuera de mi gusto. Rica fruta, buena acidez, frescura, calidad... y muy natural. Eishi Okamoto es uno de los grandes vignerons del país, sus vinos son de los más buscados. Extraordinario comienzo.
                                    
En las contraetiquetas de sus botellas el vigneron firma el siguiente enunciado, en inglés y en japonés:

"A glass of wine can change the world. Yes we can change the world if we change our daily food and drink. You may think I'm a dreamer. But I hope someday you will join us."

Más vinos japoneses probaríamos durante este viaje, de éste y de otros elaboradores. Japón es el principal comprador de vino natural. Y a pesar de la dificultad debido al clima, a la humedad de los veranos y a las intensas lluvias, Japón también es un país productor de vino natural.


Destaca en este bar de vinos la calidad de la carne, japonesa, cocinada perfectamente a la brasa. Lo sé porque os adelanto que la probamos, pero en nuestra última noche en Tokio, sí, aquí repetimos. En esta ocasión, disfrutamos con una brandada de salmón y el plato de pollo de granja al carbón.

Shinya Hayashi san me comentó que estuvo trabajando en Francia, en concreto con Jean-Yves Péron en su viñedo de Savoie. Por supuesto, la siguiente botella que solicité tras un viaje tan largo, teníamos sed, fue de este productor: Roche Blanche 2012, variedad jacquère. Sus vinos siempre nos gustan, sobre todo los blancos.


Los japoneses tienen fama de tímidos e introvertidos, incluso entre ellos así se consideran. En cambio, durante nuestra estancia mi experiencia me enseñó lo contrario, son amigables, abiertos, cariñosos, con extraordinario sentido del humor y, por supuesto, algo que ya sabíamos antes, muy amables. De hecho, hicimos nuestras primeras amistades del viaje en La Pioche, nuestra nueva amiga Kazumi, quien además de gran fan del vino natural habla perfectamente nuestro idioma.


Todo nos salió redondo desde nuestra llegada. Grandes vinos, sabrosa comida, nuevas amistades y un acertado alojamiento en pleno barrio de Asakusa, uno de los más tradicionales del centro de Tokio, a unos pasos del templo budista más antiguo de la ciudad, Sensoji.

En Tokio, la mayoría de los bares de vino natural se concentran en las extensas zonas de Shibuya o Ebisu, sin embargo, guiados en este caso por nuestras amigas japonesas, Kazumi y Ayako, conocimos en el segundo día de estancia en Japón dos lugares que para nosotros significan ya dos de las experiencias que más nos gustaron: la taberna Nimousaku y Maruchu Bar. Ambos bares de vino y sake natural se localizan en el distrito de Tateishi, muy cerca de la estación de Keisei-Tateishi, zona popular, de auténtico barrio lleno de vida donde abundan diversos comercios, principalmente izakayas, tabernas japonesas. Estamos en el barrio de Katsushika. Aunque aparece casi fuera de mi mapa, se alcanza en unos 20 minutos en metro desde Asakusa Station.

Nimousaku


Taberna dirigida por el señor Toshiriro Hidaka, una muestra una vez más de la amabilidad y simpatía de los japoneses. El local dispuesto con asientos frente a la zona de cocina estaba lleno. Preciosas botellas de sake formaban parte de la decoración haciendo de separación entre los comensales y la zona de trabajo. Numerosas dedicatorias de vignerons de renombre figuraban escritas en las paredes, como por ejemplo de René-Jean Dard, expresando su deseo de volver al lugar. El ambiente era extraordinario, todo el mundo disfrutaba. Comimos numerosos platos, realmente exquisitos: ostras, sushi, lengua, anguila y por supuesto oden, una de las especialidades de la casa, se elabora con diversos ingredientes cocinados en un caldo de konbu y dashi. Algunos de los platos parecían cuadros por su presentación tan artística.


Para beber, compartimos tres botellas de vino junto a otros asiduos clientes, gente del barrio. También probamos tres sakes distintos. Por cierto, el nombre más apropiado para referirse a lo que conocemos como sake fuera de Japón sería nihonshu, siendo más bien bebida alcohólica el significado de la palabra sake.


Mizuiro 2013 de Kenjiro Kagami, Domaine des Miroirs. Chardonnay. En mi casa, antes de partir hacia Japón, para celebrar el inicio de nuestras vacaciones había abierto una botella de este vigneron japonés afincado en Grusse, en el Jura. Qué alegría me dio poder disfrutar de nuevo de uno de sus vinos, pero esta vez en su país de origen. Quiero mencionar que incluso en Francia es complicadísimo conseguir alguna botella de Kenjiro Kagami debido a su limitada producción.


El segundo vino fue Nana-Tsu-Mori 2014 del Domaine Takahiko Soga, en Hokkaido. Pinot noir con algo de botritis. Uno de los vinos del viaje y del año. ¡Cuánto nos gustó! Gracias Hidaka san por ofrecernosla. Finalizamos la excelente sesión vinícola con una botella del Domaine Oyamada, Cuvée Petit, localizado en el centro de la isla de Honshu, en la prefectura de Nagano, a unos 200 km de Tokio. Seba es el nombre del viñedo. No estoy seguro de la añada, entre las variedades destacaba la cabernet franc.

A estas alturas de mi relato os habréis dado cuenta de que Japón es un país productor de vino y además de vino natural. A lo largo del viaje degusté los vinos de 6 ó 7 elaboradores japoneses, aconsejado por mis nuevos amigos del país, y realmente quedé convencido de que había probado algunos de sus vinos top. He de confesar que su calidad me la imaginaba, porque aquello que persiguen los japoneses con el corazón, lo consiguen. 


Por supuesto bebí nihonshu (sake), y no cualquiera, sino algunos de los pocos que siguen un proceso tradicional en su elaboración, el denominado kimoto zukuri. Se basa en la lenta acción de la levadura y del ácido láctico, no adicionados, y sin emplear unas condiciones ambientales artificiales. El equivalente al vino natural en el sake.

El primero que probé lo sirvieron tibio, a unos 50 grados creo recordar. Impresionantes sus aromas y sobre todo su textura y elegancia, no imaginaba que me iba a gustar tanto. Se trataba de una botella de la bodega de Takehara en la prefectura de Hiroshima, Taketsuru Shuzou, un nombre que se me quedó grabado. Tatsuya Ishikawa san es el elaborador.


Koikawa Usunigori. Mi segundo nihonshu, sake y cine. Botella con el nombre del productor y dedicada a su amigo director de cine Tagashi Shin. Como curiosidad, comentar que estamos hablando de graduaciones de unos 16%. Un tercer sake probé, de la bodega Kubo-honke, elaborado por Katoh Katsunori.

La capacidad de las botellas de sake de este restaurante era de 1,8 litros, pero siempre  sirven una pequeña cantidad en una jarrita para repartir.

Sensacional experiencia. ¡Por qué no me traería algunas botellas!




Maruchu Bar  (fotografía de cabecera)

En la misma zona existe otra taberna donde también poder disfrutar del vino natural y de platos japoneses. El local, enano, aunque no el más pequeño que visitamos durante el viaje, está dentro de un mercado, en un pasaje cubierto llamado The Shopping Arcade of Tateishi. Esta taberna (izakaya) la compartían dos socios y se llamaba Nimousaku, después uno de ellos abrió una nueva taberna muy cerca y un poco más grande, la que acabábamos de visitar, y esta primera, la del mercado, pasó a llamarse Maruchu Kamaboko y la nueva adquirió el nombre anterior. La filosofía de ambas es idéntica.

Tras unas gruesas cortinas amarillas de plástico se disponen dos mesitas que hacen de terraza. Justo detrás, dos barras paralelas con taburetes donde sentarse y a un extremo la pequeña cocina, como máximo cabríamos 10 personas. La disposición de las dos barras favorecía que el propietario, Nishimura san, atendiera fácilmente a los clientes. De parada vecina teníamos una pescadería. El lugar resultaba muy tranquilo, al menos cuando llegamos al anochecer, momento en el que estaban cerrando la mayoría de las tiendas.

Me pareció un bar de vinos fantástico. Destacaba el buen ambiente y la originalidad del lugar, también resultaba fácil conversar con los amigos o relacionarse con otros visitantes, de hecho compartimos algunos vinos entre todos, el lenguaje del vino es internacional.


Nakai Müller 2015, Kondo Vineyard, en Hokkaido. Viñedo Nakai, variedad müller-thurgau. Refrescante pet' nat, 10% de graduación, aromas de fruta, manzana, pomelo, albaricoque, melocotón blanco y flor blanca. ¡Coño!, ¡qué bien!, un espumoso japonés.

Kurisawa Blanc 2014, Nakazawa Vineyard, en Hokkaido. Pinot gris, silvaner, gewürz, pinot noir y kerner. Mis amigas japonesas querían que probara este vino, y lo entiendo, me pareció un gran vino, aromas a flores y cítricos.

De las referencias de vinos escritas en la pizarra en caracteres japoneses me fijé en la única palabra que entendía y conocía, Le Canon. Rápidamente pedí una botella del vigneron japonés afincado en el Ródano, Hirotake Ooka, domaine La Grand Colline: Le Canon 2014.




También tenían otras botellas con buen gusto, de Noëlia Morantin, de René Mosse... En los azulejos de la pared de enfrente se observaban varias firmas de conocidos vignerons, entre ellas un mensaje de Pierre Le Petit Gimios: La biodiversité dans l'esprit des petits producteurs (19.01.2016)

También saboreamos diversos platos, entre ellos Oden, una reconstituyente sopa de tendón de ternera, colágeno puro.

Nimousaku y Maruchu, dos lugares de culto para un bebedor de vinos naturales.


Mercado de Tsukiji

Acudir a este mercado es una buena idea para aprovechar los efectos del jet lag en los primeros días tras la llegada, ya lo hice en mi primera visita a Tokio hace unos años. Se trata de la lonja de pescado más grande del mundo. Para la famosa subasta del atún rojo tal vez sea madrugar demasiado, pero recorrer el mercado hacia las 7 o las 8 en plena y frenética actividad es un espectáculo en sí, siempre teniendo cuidado de no molestar a los trabajadores, ni obstaculizar las numerosas carretillas eléctricas que conducen a toda velocidad entre los pasillos del recinto. Seguramente tendremos la oportunidad de ver trocear enormes atunes de forma quirúrgica y en un tiempo récord con largos y afiladísimos cuchillos. Alrededor del mercado abundan las tiendas de utensilios de cocina, también pequeños bares de sashimi donde completar la experiencia y disfrutar de un desayuno fresquísimo.

Está previsto su traslado a una nueva ubicación con instalaciones más modernas pero de momento se están produciendo retrasos.


La Pioche, Nimousaku, Maruchu, Mercado de Tsujiki... Forman parte de un viaje inolvidable. Seguiremos contando...

Vicente