Blog de un aficionado al vino. Un paseo simple a través de mis aficiones, un punto de vista personal en un instante determinado. Siempre dispuesto a aprender, disfrutar y compartir.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Vino Vivo 2017 - Salón de Vinos Naturales de Madrid



A principios de mayo, el domingo día 7, se celebró la 3ª edición del salón de vinos naturales de Madrid, organizado por la Asociación de Productores de Vinos Naturales (PVN). En esta ocasión se desarrolló en el espacio La Industrial, en la calle San Vicente Ferrer, en pleno barrio de Malasaña.

En mi recorrido de vinos sin aditivos, probamos vinos de muy diversas zonas, desde Valdeorras al Priorat, del Ampurdán a Zamora, también del Penedés, de Valencia, Bullas, Montilla, Granada, La Mancha, Gredos... Viticultores de prácticamente toda la geografía española estaban presentes.

Fue una jornada divertida, alegre, feliz, festiva.

Comentaré de forma muy resumida algunas de las mesas que visité:



La primera mesa que visitamos del salón. Sidra artesanal de producción familiar de la zona de la Alpujarra granadina. Elaborada en el Cortijo Fuente Guijarro. Localizado a una altitud de 2000 metros en el Parque Natural de Sierra Nevada, en su cara sur.

Trabajan con una gran variedad de manzanos antiguos, no utilizan aditivos ni manipulaciones de ninguna clase. Son sidras para beber a cualquier hora del día, del orden de los siete u ocho grados alcohólicos. Alguna más aromática, otras con mayor cuerpo, con fermentación terminada en botella, con doble fermentación utilizando el zumo de las propias manzanas. Sabores a fruta y especias, zumo seco fermentado y adictivo.


Dos días antes había probado una de sus garnachas en el magnífico restaurante Montia de San Lorenzo de El Escorial, Forcípula 2015. Le comenté cuánto me gustó, además acompañado por unos callos a la madrileña, tal como nos lo presentaron, formaba una pareja explosiva.

Raúl Calle, ingeniero forestal, desarrolla en Gredos un proyecto familiar desde 2012, recuperando viñedos perdidos de garnacha y albillo en la zona de Ávila.


Nos cuenta que su primer vino elaborado tenía que llamarlo forcípula, dada su profesión y su relación con este instrumento de medida. Probamos sus cuatro vinos de la mesa: el mencionado; un rosado espectacular, Churumbi, para beber a litros; una garnacha de magnífica acidez, nueva elaboración todavía sin nombre, de ahí lo de Raw escrito en la botella, y finalmente su vino Canto de los pollitos. Todos garnacha, garnacha de Gredos, todos de gran nivel, nos encantaron.



De la zona de Bullas. No es la primera oportunidad que catamos sus vinos, ni que los bebemos, lo hicimos recientemente en una de las ferias de vinos naturales en Montpellier. Degustamos en esta ocasión: Uva Negra Vino Blanco, forcallat 80% y monastrell; 3 Monas, divertida etiqueta, monastrell sin acabar, traída esta muestra expresamente; el pétillant, degollado dos días antes para el salón; la monastrell de maceración o las vinificadas en barricas. Sus vinos se caracterizan por su naturalidad y honestidad, siendo su único ingrediente la uva, 100%. Vinos auténticos.



En la comarca de Valdeorras. Nacho González recupera y trabaja sólo tres hectáreas en distintas parcelas, alguna ha sido heredada de su abuela. Cepas viejas de godello, palomino, doña blanca, garnacha tintorera, mencía y sumoll. Utiliza en casi todas sus elaboraciones tinajas de barro. En varios de sus blancos realiza maceraciones largas con sus hollejos. Sus vinos son tan interesantes como sus etiquetas, bellamente diseñadas por un artista amigo suyo. En esta degustación, añada 2016, me enamoré de su clarete Proscrito, 95% palomino y 5% garnacha tintorera, frescura, fruta ácida, zumo de uva fermentada.



Localizados en la población de Venta del Moro, en la comarca de Utiel-Requena. Producción familiar. Viejas cepas de más de 60 años y variedad bobal. No esconde en sus vinos su personalidad mediterránea. Me gustó Sexto Elemento 2015, pero aún me gustó más su botella David y Goliath, más fresco, también afrutado y sin perder elegancia. De viñedos en mayor altitud. Sus vinos no se encuentran dentro de ninguna denominación de origen.

Las etiquetas también son muy interesantes, desplegables y con abundante información. Acabamos la degustación en esta mesa con Marisandro, un vino con 250 días de maceración y 2 años en barricas de ciento y pico años. Rico, rico.



Airén, malvar, albillo, chelva y también tempranillo y garnacha. Variedades de su zona. Está instalado en El Tiemblo, Ávila, pegado a la Sierra de Gredos. Siempre experimentando, sus vinos cada vez me gustan más. En esta sesión, añada 2016, sobresalían para mi gusto la malvar, dos semanas de maceración, y Alba, albillo con dos días de maceración. Destacan sus blancos, pero sus tintos presentaban una acidez colosal.

Aunque lo importante es el vino, me alegro también que utilice etiquetas más expresivas.


Por supuesto, no fueron las únicas mesas que catamos, también probamos los vinos de Vicent Tomàs, de la zona de la Vall d'Albaida, su blanco de tortosí y tardana o el de macabeo y la uva de mesa rosseti, destacaban para mi gusto; también presentes, Los Comuns, del Priorat, con vinos más frescos de lo que estamos acostumbrados en esta región; de Ignasi Seguí, Vinyes Singulars, en el Penedés, probamos el xarel.lo (con frescas notas que nos recordaba al plátano, la pera, manzana, fruta ácida) y también sus pet'nat; la garnacha blanca, gris o tinta del Ampurdán de La Gutina, ofrecida por Barbara Magugliani; los vinos de Purulio, de Torcuato Huertas, en la Alpujarra granadina, que no dejan de encantarme; también los de José Miguel Márquez, Bodegas Marenas, de quien saboreamos con gusto Montepilas (vino con idéntico nombre que su variedad autóctona) y Mediacapa (pedro ximénez); disfrutamos con los vinos de Barranco Oscuro, Garnata estaba fantástico; tremendo el pinot noir de Ramón Saavedra, Bodega Cauzón; probamos también otros de los vinos que nos gustan, los de Samuel Cano, Bodega Patio. También quiero destacar los vinos de Bodegas Coruña del Conde, Dagón o Alumbro; de Burgos, Valencia y Zamora respectivamente. De esta última, Microbodega del Alumbro, estamos enamorados de su clarete, mitad tempranillo, mitad palomino. No visitamos todas las mesas presentes en el salón, pero en próximas ocasiones tendré oportunidad de ello.

Este salón supone otra buena excusa para visitar cada año esta ciudad.

Madrid Calling!

Vicente








jueves, 25 de mayo de 2017

De vinos naturales por Madrid: Restaurante Montia; Bendito, Vinos y Vinilos; Wine Attack; La Siempre Llena; Olor y Sabor; La Fisna...



Ciudad de teatros, de grandes museos y numerosas exposiciones de arte, de plazas y paseos, de mercados y barrios históricos... Ciudad multicultural, abierta y acogedora. Vale la pena visitar Madrid.

Y revisitarla. Os cuento nuestro último recorrido y experiencia a través del vino y los locales que visitamos en los tres días anteriores al salón de vinos naturales, Vino Vivo, celebrado en la ciudad:



Desde febrero de 2016 La Fisna ocupa un nuevo espacio. Cambió de ubicación, desde la calle Doctor Fourquet a un bonito local de la calle Amparo nº 91, también en el atrayente barrio de Lavapiés. Si antes, durante muchos años, fue tienda de vinos y distribuidor, ahora añade la función de bar de vinos ofreciendo varios platos y más de 50 vinos por copas, además de poder disponer de cualquier botella de las múltiples referencias de la tienda, bien para llevarse o para consumir en el local. Nos alegramos enormemente por esta nueva propuesta.

El local es realmente bonito, era una antigua taberna que han restaurado conservando elementos antiguos proporcionando un ambiente muy agradable. En una mesa y taburetes altos pero cómodos, saboreamos tres de los platos que proponen para acompañar los vinos: ensaladilla templada rusa, cecina de León y escabeche casero de pollo de corral con shiitake. Muy sabrosos y generosos. El pan también es de calidad.

De beber elegimos unas copas de Lovamor 2016, albillo de Alfredo Maestro; Chardonnay-savagnin 2013 vin de voile de Julien Labet y Trousseau de Messagelin 2014 de Etienne Thiebaut, del domaine des Cavarodes. Los tres extraordinarios. Tremendos. Y por copas.


Vale la pena echar una ojeada a las referencias del bar y visitar el espacio de la tienda. Veremos botellas de Macle, Aviet, Ganevat, Domaine des Murmures, Descombes, Michel Guignier, Hervé Souhaut, François Chidaine, Beatriz Herranz, Rafa Bernabé... y tantas otras. La oferta de vinos de Jerez es también buenísima.

Charlando con Iñaki, uno de los propietarios, nos comenta que no es que estén especializados en vinos naturales, sino en los vinos que les gustan. Magnífica respuesta. Y tienen muy buen gusto.


Un lugar encantador, de nuestro gusto. Su propietario, José González, es el alma del local, muy simpático. Ocupa un pequeño espacio del Mercado de San Fernando, en Lavapiés, uno de mis barrios preferidos, ejemplo de multiculturalidad, donde convive gente de más de 80 nacionalidades diferentes.

Bendito, Vinos y Vinilos es un lugar donde disfrutar de jamones, cecinas, embutidos, quesos de leche cruda y una gran variedad de vinos naturales. Tienda y bar de vinos, nosotros acudimos un viernes en la tarde noche. El ambiente es divertido, de muy buen rollo, para disfrutar abriendo botellas, charlar y degustar los manjares citados servidos en papel de estraza sobre vinilos utilizados como platos. También hay tocata, de hecho, sobre el tocadiscos probamos las primeras copas. Esto sí es rock'n'roll.


Y vaya que se abrieron botellas y probamos vinos durante el rato que estuvimos: Orange, la tardana y macabeo de Mariano Taberner (Bodegas Cueva); el clarete del Alumbro, un vino que nos gusta mucho; Kπ Amphorae 2015 de Samuel Ramos; Airén 2010 Rancio de Sol a Sol de Julián Ruiz (Esencia Rural); Kabronic de Samuel Cano (Bodega Patio) y finalmente, elCouto Palomino Fino 2016 de Pagos de Nona.




En el local se permanece de pie, pero para quien lo desee también hay algunas mesas y sillas en la puerta, en el pasillo del mercado a modo de terraza.


El anterior no fue el único local de vinos que visitamos en este mercado, mercado por cierto como los de toda la vida y que los viernes y sábados alarga su horario en un ambiente festivo, lleno de gente joven y de todas las edades.

A pocos pasos de Bendito, Vinos y Vinilos se encuentra La Siempre Llena. Me encantó. Se trata de una bodega, contemporánea, donde sirven vinos a granel, naturales. También disponen de botellas. Nosotros probamos un par de copas: Aire en el patio de Samuel Cano y un Pet' Nat de Bodegas Coruña del Conde. Acompañadas con unas aceitunas maceradas, cortesía de la casa. Cerca ya de las 11 de la noche de un viernes, hora de cierre, nos apuntamos este puesto del mercado para visitarlo en próximas estancias en Madrid.



No sé cuál fue la excusa principal para visitar el pueblo de El Escorial, si el Monasterio o este restaurante. Aparte bromas, ambas visitas las recomiendo enormemente. El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial me impresionó, tanto la sala de la biblioteca como el claustro y todo su conjunto. El paisaje de los alrededores y del trayecto desde Madrid hasta la zona es bastante verde, por las ventanas del tren vimos incluso ciervos. Y el pueblo, situado al noroeste de Madrid, a una hora, y a pies de la Sierra de Guadarrama, da sensación de calidad de vida y tranquilidad.


La jornada no podía ser más completa habiendo reservado en el restaurante Montia, situado a escasos 500 metros del Real Monasterio. Era nuestra primera visita y la expectación grande. Una expectación que fue superada ampliamente.

La sala es bonita, cómoda, con buena luz y pocas mesas. Atendidos por el chef Dani Ochoa y su equipo, son todos unos cracks, les agradecemos el buen rato pasado, tres horas. Tuvimos claro elegir el menú degustación más largo y su maridaje, naturalmente. No tienen carta, tampoco de vinos. Trabajan con productos de la zona y la combinación platos y vinos es extraordinaria. De hecho, Dani es uno de los poquísimos chefs que he conocido quien además de cocinar de maravilla muestra idéntica sensibilidad y conocimiento por el vino.

De este restaurante nos gustó todo, hasta incluso el diseño de los delantales que portaba el equipo. Todo está estudiado al detalle, pero con enorme naturalidad.

Entre los platos que degustamos, en nuestro caso, 7 aperitivos, 6 platos, quesos de la sierra y 3 postres, todo delicioso, nombro solo a modo de ejemplo algunos de ellos:

Espárrago, crema de bacalao y espinaca con flores silvestres; molleja de ternera, castañas, alcachofas y borrajas; paletilla de conejo a la brasa con guiso de caracoles y acedera; callos a la madrileña; estofado de fresas y haba; bizcocho de galleta con mousse de chocolate y helado de cerveza... Es difícil destacar un plato, todos nos gustaron.

Empezamos con una cerveza artesana para el aperitivo, muy refrescante, y seguidamente los vinos: Pure S 2013, Jon Blanc; Botrítico 2016, Diego; Casèbianco 2015; Pinot Noir 2003, Pierre Frick; Q.V. 2012, Tissot et Bonnelle; Forcípula 2015, Raúl Calle; De sol a sol 2009, Julián Ruíz, Esencia Rural; Tardatto 2015, Mariano Taberner, Bodega Cueva; La Cosa 2014, Alfredo Maestro y Likor 2009 de Jean-Christophe Garnier.




El maridaje fue espectacular, acertadísimo y de gran nivel. Como apunte:

Botrítico, con las características que su nombre indica, es un vino realizado por Diego Rodríguez, agricultor vecino y amigo de Juan José Moreno García (La Microbodega del Alumbro). Un vino de Zamora, tempranillo vendimiado en invierno con uva botrytizada. Nos entusiasmó este vino. No se comercializa, nos contó Dani. Un vinazo que puede funcionar con varios platos, con el espárrago y crema de bacalao es increíble.

El Pinot Noir de Pierre Frick, ojo con la añada, es un fuera de serie. Acompañó el plato de molleja de ternera. Otro fuera de serie, el vino elaborado por Magali Tissot (¿os suena el apellido?) y Ludovic Bonnelle, domaine du Pech, en la zona vinícola del Sud-Ouest: Q.V., sauvignon macerada en qvevri. Con la paletilla de conejo combina perfectamente.

La garnacha de Raúl Calle, garnacha de Gredos, nos sorprendió muy gratamente. Junto a los callos a la madrileña formaba una pareja explosiva. Una producción de escasas 806 botellas.

La Airén 2009 de Sol a Sol de Julián Ruiz (Quero - Toledo) es un espectáculo en sí. Con los quesos de la zona aún más.

Ya en los postres, La Cosa, dulce natural de Alfredo Maestro, un néctar de moscatel que juega en el límite y que me sigue sorprendiendo. La última copa de la sesión fue la chenin de Garnier, Anjou, equilibrado, nada empalagoso.

Ganas tenemos de repetir la experiencia. El menú lo varían con frecuencia.





A sólo unos 30 kilómetros al este de Madrid y bien comunicada por tren, visitamos la bella ciudad cuna de Cervantes, Alcalá de Henares. Aquí podemos admirar su prestigiosa Universidad, observar los bonitos edificios de su casco antiguo, calles con soportales, plazas con parterre y la bonita visión de numerosas cigüeñas y sus nidos situados en campanarios, torres y tejados. También podemos hacer un alto en el camino sin salir del centro histórico para visitar Olor y Sabor, un lugar donde además de bien comer disponen de varias referencias de vinos sin aditivos muy de mi gusto.

La cocina es tradicional, adaptada a nuestro tiempo. Huevos cremosos sobre picadillo de matanza toledana y patatas y el plato de bacalao crujiente fue nuestra elección. Platos abundantes y sabrosos.

Para beber, elegimos dos botellas: Pampaneo 2015 de Julián Ruiz, de Toledo, airén en maceración durante 6 meses y Cailloux, extraordinaria pinot noir de Patrick Bouju, de Auvernia. Disfrutamos.

También funcionan como tienda para comprar sus productos.





De nuevo en Madrid, en el barrio de Malasaña. Abierto desde finales de enero de este año, en la calle del Limón nº 30, paralela a Conde Luque, se localiza Wine Attack, tienda de vinos con numerosas referencias y donde poder cenar los fines de semana, cocina tipo bistrot. Os lo recomendamos.




En nuestra visita, mesa para dos, como durante todo nuestro viaje, cenamos verduras a la plancha con bacalao, pastel de rabo de toro y una extraordinaria tabla de quesos de leche cruda franceses. Todo riquísimo. Para beber, dos botellas: Doris 2016 de Fabio Bartolomei, Vinos Ambiz, variedad doré, y Keep on Pouching 2015, fantástica chenin sudafricana de Craig Hawkins, muy conocido ya en todo el mundo.

Lo importante siempre es el vino, pero me alegra que Fabio utilice etiquetas más llamativas. En cuanto a su vino, cada vez nos gusta más.

No nos fuimos sin algunas compras, había donde elegir:



Otro lugar que visitamos, el local de los hermanos Villalón, quienes regentaron el famoso El Padre. Nuestra intención fue conocerlo y tomar algo. Se localiza en la calle Reina, junto a la Gran Vía. Estando llena la zona de comedor y bar de vinos, llegamos algo tarde, bajamos al sótano, especializado en cócteles al estilo de bar americano, pero donde nos atendieron perfectamente al solicitar un par de copas de vino de entre las múltiples referencias, en concreto: Albillo 2014 de Vinos Ambiz y L'Ailleurs (2015) de Anne et Jean-François Ganevat. Como digo, la carta de vinos es muy extensa, en ella vimos también algunos vinos de Puzelat, Laureano Serres, Breton, Olivier Rivière, Julien Labet, Lucien Aviet y bastantes de Ganevat, entre otros. Habrá que volver y cenar.

En Madrid la oferta en vinos naturales va aumentando. Seguro que en mi próxima visita recorreremos otros lugares y repetiremos los conocidos que tanto nos han gustado.

Vicente

© elvinoquebebo.blogspot.com

jueves, 27 de abril de 2017

De vinos naturales en Kioto: Ethelvine, Deux Cochons... (2ª Parte)



Seguimos disfrutando de esta ciudad que destaca por su rico patrimonio arquitectónico e histórico. Fue capital de Japón durante más de 10 siglos, desde finales del VIII a mediados del XIX.

En la anterior entrega ya comentaba la importancia para el visitante de instalarse cerca de su estación central. Utilizando sus medios de transporte, es también llegada del Shinkansen que la une con Tokio, podemos realizar varias excursiones exteriores, todas ellas del máximo interés: Nara, Fushimi Inari, el bosque de bambú de Arashiyama...


La ciudad de Nara es una visita imprescindible. Fue la capital del país antes de serlo Kioto, aunque sólo desde el 710 al 784. Al llegar veremos los numerosos ciervos que nos reciben en el camino hacia el templo Todaiji, templo de madera famoso por albergar en su interior la estatua del Gran Buda, de 16 metros de altura. Destaca también la gran puerta Nandai-mon, no sé qué me sorprendió más. Todo resulta espectacular, incluso durante nuestra visita en medio de una fuerte tormenta, un tifón que apaciguó al poco rato. Os recomiendo también pasear entre los farolillos de piedra camino del santuario sintoísta Kasuga-Taisha, en cuyo interior destacan sus numerosas linternas, en este caso de bronce.

A pocos minutos en tren desde la estación central de Kioto, hacia el sur, destaca el santuario sintoísta de Fushimi Inari Taisha, conocido especialmente por el largo sendero delimitado por miles de torii rojos a través de la colina donde se encuentra. Me encantó. Es de lo más bonito que vimos.

El bosque de bambú de Arashiyama se localiza hacia el oeste de la ciudad. Es otra de las posibles excursiones a pocos minutos en tren desde Kioto. Se puede observar este tipo de bosque, de bambú, en varios sitios de Japón, éste es uno de los más turísticos.


Durante nuestra estancia en Kioto, tuvimos la suerte de ir a cenar en un par de ocasiones con nuevos amigos, una pareja residente en esta ciudad, Etsu Ukai san y Atsushi Ukai san. Si en una primera noche disfrutamos de su compañía con un vinazo de Dario Princic, Ribolla Gialla 2011, y de diversos sakes naturales de Taketsuru Shuzo, mis preferidos, para emparejar diversos platitos japoneses, en una segunda noche visitamos juntos una dirección que tenía marcada en la preparación del viaje: Deux Cochons.



Un verdadero bistrot francés con encanto japonés, una joya. Regentado por Masami Awazu san y Takamasa Awazu san, quienes vivieron y trabajaron en Francia durante un tiempo. Simpáticos y de dulce carácter, algo que encontré con mucha frecuencia en mi viaje por este maravilloso país, nos atendieron magníficamente.


Viendo la selección de botellas expuestas en el local, no me extraña que vengan aficionados y profesionales desde miles de kilómetros para beber viejas añadas, como por ejemplo de Pierre Overnoy.

Mi pareja y yo disfrutamos mucho en la cena con nuestros dos amigos. Platos sabrosos y vino de nuestro gusto:

Envol de la fille 2009. Vinificado y embotellado por Vinibrato. Gamay de Jean-Luc Gauthier en Villié Morgon. Un vino de Jean-Marc Brignot.

El famoso Patapon, sobre todo en Japón. Pineau d'aunis, en este caso de la añada 2014. Christian Chaussard y su mujer Nathalie visitaron hace un tiempo Japón y por supuesto Deux Cochons. Lamentablemente, Christian falleció en un accidente de tractor en septiembre del 2012.

Como digestivo, nada como unas copas del Eau de Vie Récolte 2009 Framboise, del Domaine Binner.


Previamente a esta magnífica cena, nuestros amigos nos habían acompañado a una de las mejores tiendas de vino que se pueden visitar:


Tienda de vinos bien acondicionada, práctica, con una selección de referencias grandiosa y una atención sublime. Una tienda preciosa. Para entrar y sentirse en el cielo.


En la bodega de vinos se podía encontrar lo mejor de cada país, vinos de procedencia europea, incluida Eslovenia, Austria, Georgia o Grecia, y también de Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica o Japón. Otros productos tenían en venta, como el aceite de oliva de Frank Cornelissen.

Masanobu Egami san, el propietario, todo amabilidad, brindó con nosotros con una botella de Jean-François Chéné, domaine Coulée d'Ambrosia: Eureka. ¡Tremendo obsequio! ¡Delicioso pet'nat!

2, Okazaki Saishoji-cho, 8, Sakyo Ward, Kioto


Muy cerca de la estación de Kioto, se encuentra la pagoda del templo Tōji, budista, la torre de madera más alta del país. Construida en 826. En los jardines que conducen a ella aprovechamos para realizar nuestro picnic. Quisimos despedirnos de esta ciudad abriendo una de las botellas compradas en Ethelvine, el pet'nat rosado de Cantina Giardino. Extraordinario momento acompañado de unos bentō y unas castañas dulces de postre.

Nuestra estancia en Kioto resultó inolvidable.

Vicente


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miércoles, 26 de abril de 2017

De vinos naturales en Kioto: Le 14e, Taiho - 大鵬 restaurant... (1ª Parte)



Estaba enamorado de Tokio y tras nuestra estancia en Kioto me enamoré también de esta bella ciudad. En éste y en el próximo artículo os explicaré los motivos:

A pesar de ser una ciudad grande, es a la vez muy tranquila. Situada en un valle, predominan claramente los edificios bajos, siguiendo un patrón de cuadrícula en su mayoría. Destacan los numerosos templos, de hecho se le podría llamar la ciudad de los templos. El conjunto realmente es armonioso.

Si viajas en tren por Japón, lo primero que verás al llegar a Kioto es su imponente estación, obra del arquitecto Hiroshi Hara e inaugurada en 1997. Moderna y enorme, tiene un estilo futurista e incorpora incluso varios centros comerciales. En nuestro caso, nos instalamos muy cerca, pienso que es uno de los mejores puntos desde el que visitar la ciudad.


Justo enfrente se ubica la Torre de Kioto, de 131 metros de altura y construida en 1964 en conmemoración de aquellos Juegos Olímpicos.

Y a solo unos pasos, se encuentran los templos Higashi Hongan-ji, el primero que visité, y Nishi Hongan-ji. Muchas otras visitas en la ciudad merecen ser nombradas, como por ejemplo el santuario Heian jingū, el santuario Kamigamo, el Palacio Imperial, el Castillo de Nijo, los paseos por Pontocho, por el barrio de Gion o los paseos bordeando el río Kamo, Kamogawa en japonés.


Otro recorrido a destacar sería alrededor del templo Kiyomizudera, en realidad un conjunto de templos budistas y recintos religiosos situados en el distrito de Higashiyama, al este de Kioto. Podremos observar la majestuosa puerta roja Niōmon o la pagoda de tres pisos Sanjūnodō, con 31 metros de alto (fotografía de cabecera).

Casi a las afueras de la ciudad, hacia el noroeste, podemos acercarnos en bus desde la estación, veremos el templo Kinkaku-ji, llamado también Golden Temple o Pabellón de Oro. Rodeado de jardines y cubierto por pan de oro, su silueta se refleja en el lago, una imagen espectacular a pesar de nuestra presencia, la de los turistas.


Nuestra estancia en Kioto fue muy agradable. Si en Tokio encontramos numerosos locales especializados en vinos naturales, aquí en Kioto no nos faltaron, ni mucho menos. Japón es un paraíso del vino sin aditivos. 

Para comer y beber, os comento de momento dos lugares extraordinarios que visitamos:


No habíamos reservado mesa, pero menos mal que de todas formas vamos pronto a los sitios, muy amablemente nos comentaron que nos atenderían encantados más tarde. El lugar es pequeño, con una capacidad para muy pocas personas, no creo que llegue a la docena. Tuvimos suerte.

El sitio es muy agradable, la cocina está abierta a la sala. Su propietario es el Sr. Shige, quien trabajó durante varios años en París, en el restaurante Severo entre otros. Además de ensalada probamos el plato estrella del local, excelente carne madurada y perfectamente cocinada, 100% japonesa, wagyu, proveniente de una granja a 60 kilómetros de Kioto.  Ahora puedo decir que la mejor carne de mi vida la he comido en Japón. 


No sabía qué botella elegir entre las que me ofrecieron, todas me gustaban y atraían, finalmente me decidí por un pet'nat, Ladybirds, cabernet franc del Loira, de la Closerie de Belle Poule. Perfecto. El primer vino que bebimos en Kioto.

Antes de irnos conversamos un buen rato con Monsieur Shige y su ayudante, la lengua francesa fue una ventaja, nos convidó con un fantástico vino, Fou du Roi de Axel Prüfel, Le Temps des Cerises. Charlamos de su experiencia en Francia, es amigo de Kenjiro Kagami; también de Michel Tolmer (autor de Mimi, Fifi et Glouglou, entre otros trabajos), quien le diseñó el logo del restaurante. Shige san es una persona amabilísima, él mismo nos reservó mesa en el siguiente restaurante.

393-3 Iseyamacho. Second floor. Pogan Building, Kyoto





Teníamos la mesa dispuesta gracias a la reserva de Shige san. Nos atendió Misa san, sommelière que dominaba el italiano, la comunicación así entre español e italiano resultó muy fácil. El restaurante, japonés, está especializado en cocina cantonesa y de Sichuan, también en vinos naturales.


Degustamos un menú delicioso, de varios platos, cada uno perfectamente maridado por la competente sommelière. Entre otras copas, saboreamos: Tête de Bulles de François Dhumes; Sassaia 2015 de Angiolino Maule, La Biancara; Oslavje 2013 formato 500ml, de Stanko Radikon; Domaine Lous Grezes, Cuvée Alibi Duché D'Uzès 2010; Le Casot des Mailloles, Poudre d'Escampette 2013; Malvasia 2014, Donati Camillo... Una selección maravillosa. Y finalmente una copa de un vino que nos ofrecieron a ciegas y que me sorprendió. Con notas y recuerdos a Marsala, resultó ser un vino de arroz que reposa en vasija desde hace 38 años, increíble vino chino.

Kouki Watanabe san, el también simpático chef, salió de la cocina expresamente para saludarnos.

Otra bonita experiencia. Kioto es otra maravilla más de Japón.

Vicente






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